Desde los rincones más recónditos de Amman, si miras
al cielo, se puede divisar allá a lo lejos, en lo más alto de una colina, la Citadel.
Esta coronada por un palacio en las
nubes, lo llaman Umayyad, ¡es allí adonde me dirijo!
El camino de ascenso, se convierte en una senda
infinita e insondable. El día, está cargado de una bochornosa e intensa humedad,
ha llovido durante la mañana. El cielo color antracita, está totalmente
cubierto por alargadas nubes, que ha modo de telón, esconden cualquier atisbo
del Sol. Las altas temperaturas, tintan de un tono abrasador mi expedición. La tenue preocupación de jamás alcanzar la cima, hace acto de presencia.
Estoy rodeado de un paisaje
caótico, formado por un entramado de casas, superpuestas las unas sobre las
otras. Una masa incongruente de deidades
pasadas y aspiraciones rotas. Esta visión hace que resuene en mi cabeza, “Isolation”
una de esas viejas canciones tan desconsoladas y oscuras de Joy Division.
Desconozco el cómo, también, el por qué, pero de repente, allí me encuentro, ¡Solo!
Sin embargo, esa soledad me embriaga, desbordado por la emoción que causa el
encontrarse de nuevo ante la tan rara realidad.
Esta imagen quedo galvanizada en mi memoria, la armonía
entre razas, culturas y preceptos religiosos dispares, sin importar, ni Reyes
ni Reinas, ni Dioses, ni los nobles de espíritu, es Real! Me encontraba en el
corazón de un país, en el que judíos, cristianos y musulmanes comparten su fe y
su bienestar en las calles. Esta unión se escenifica en cualquier aspecto de la
vida cuotidiana, claro ejemplo de entendimiento y civismo.
Desmontando las farsas
enemistades entre cultos que el gran dios Capital quiere comercializar. ¡La convivencia
es posible y nutritiva! La existencia social, cultural y económica de este
lugar pone en entredicho el modelo imperialista de la sociedad occidental y sus
programas armamentísticos.
Ellos han
aprendido a convivir, engarzados por el hacinamiento de sus hogares. ¡Así es! en
ocasiones mirando en lo más profundo de la anarquía, encontramos el orden. No
todo está trazado por líneas rectas que debemos seguir faltos de la sagrada opinión
que nos plantee cuestiones. Nuestro entorno es un fiel reflejo de lo que
esconde nuestra naturaleza, desdibujados entre las religiones y las creencias, alejándonos
de nuestras instintivas formas de relación que se apoyan en la voluntad de
encuentro jovial y amistoso.
La curiosidad
no mato al gato, una de las uvas del racimo bomba, desmembraron su diminuto corazón.
Cuando una aventura, nos deja marcados en lo más profundo, ¡seguirá creciendo
en el interior!
No ceses nunca
la lucha por un entendimiento pacifico.